Kevin Spacey en “Richard III” por William Shakespeare.


El grito de muerte de Ricardo III (“un caballo, un caballo, mi reino por un caballo”) se escuchó anoche en Avilés con la estremecedora fuerza del actor estadounidense Kevin Spacy, quien estrenó en el teatro Palacio Valdés de la localidad asturiana la versión de esta crónica histórica de William Shakespeare que él interpreta y Sam Mendes dirige. Con la camisa blanca ensangrentada y el rostro desencajado, el actor entregaba su piel a un público que saltó como un resorte de sus butacas para ponerse en pie y ovacionar las tres horas largas de traición y sangre de una obra sin tregua. Un Ricardo III que, en manos de Spacey, toma el uniforme de un dictador del siglo XX para ofrecernos su deformidad y su ambición no como un hecho histórico sino como un hecho del presente.

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Kevin Spacy convierte a “Ricardo III” en un Dictador del siglo XX.

“¿Kevin Spacey? ¿En Avilés?” No me lo podía creer. Nacho Artime,  estrenó el “Ricardo III”, dirigido por Sam Mendes. Kevin Spacey, al que había visto en “American Beauty”, al que admiraba tanto.

“¡Claro que quiero ir!”. En el teatro Palacio Valdés y pensaba: “qué suerte tengo”. Había visto otros montajes de Sam Mendes, y en éste, como en los anteriores, me encantó la sencillez del espacio y de la puesta en escena. Y la música, interpretada por dos músicos en dos palcos a los dos lados del escenario. Y la ausencia de megafonía para los actores. Desde su primera escena, sentado con una coronita de papel azul eléctrico en la cabeza y un matasuegras entre los dedos, Kevin-Ricardo me atrapó.

Me fascinó su joroba, su cuerpo deforme, su voz, su crueldad. Pocas veces he visto una interpretación tan vibrante.  Pienso en la escena en la que la madre le habla a Ricardo, su hijo, del día de su nacimiento y le confiesa el horror que sintió al ver a ese niño deforme, con dientes, y en cómo Kevin-Ricardo la escucha, y en el dolor que siente y en cómo se burla de su propio dolor y en cómo se burla de todos y en cómo los manda asesinar. Y en cómo al final es asesinado él mismo y luego colgado por los pies, balanceándose como un animal en un matadero. Así colgaron a Mussolini.  Siempre lo más importante es contar bien la historia. Entendí cada escena, a cada personaje, entendí algo más del porqué de la maldad humana.

El grito de muerte de Ricardo III (“un caballo, un caballo, mi reino por un caballo”) se escuchó anoche en Avilés con la estremecedora fuerza del actor estadounidense Kevin Spacy, quien estrenó en el teatro Palacio Valdés de la localidad asturiana la versión de esta crónica histórica de William Shakespeare que él interpreta y Sam Mendes dirige. Con la camisa blanca ensangrentada y el rostro desencajado, el actor entregaba su piel a un público que saltó como un resorte de sus butacas para ponerse en pie y ovacionar las tres horas largas de traición y sangre de una obra sin tregua. Un Ricardo III que, en manos de Spacey, toma el uniforme de un dictador del siglo XX para ofrecernos su deformidad y su ambición no como un hecho histórico sino como un hecho del presente.

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"Inglaterra El Teatro Isabelino": William Shakespeare.

Muy diferentes fueron los teatros erigidos en Inglaterra durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, época de excepcional esplendor del género dramático, entre los que se destacó el londinense The Globe donde presentaba sus obras William Shakespeare. Carentes de techo y construidos de madera, su rasgo más característico era el escenario elevado rectangular, en torno al cual el público rodeaba a los actores por tres lados, mientras las galerías se reservaban para la nobleza.
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Ricardo III: El Montaje Más Completo de ATALAYA… !!!

Atalaya ha estrenado ya Ricardo IIIde Shakespeare, uno de los textos más actuales e inquietantes del autor inglés, a cuyo universo se acerca por vez primera el grupo sevillano. El comentario de quienes lo han presenciado es que, sin duda, se trata del montaje más potente y completo en los 27 años de su trayectoria. La crítica está siendounánime en sus elogios. Bajo los encabezamientos de “La madurez de una compañia”, “Espectacular y desafiante”  y “Ricardo el malo, Ricardo el bueno”, Rosalía Gómez, Dolores Guerrero y Julio Martínez Velasco, respectivamente, escriben:

“Creativo e impecable trabajo de dirección. La labor de los actores es sencillamente inmensa”, “Con una absoluta fluidez de ritmo, nos regala un sinfín de imágenes inquietantes y sugerentes. Una interpretación de Carmen Gallardo colmada de genialidad, al igual que Jerónimo Arenal que otorga a su Ricardo toda la riqueza psicológica que Shakespeare volcón en este personaje”, “El texto suena a gloria en boca de un elenco de altísimo nivel, empezando por el protagonista, encarnado magistralmente por Jerónimo Arenal. Espectáculo redondo, rotundo y sin un solo fallo”. Por su parte el público está ratificando esta gran acogida con un aplauso de varios minutos puesto en pie. En Málaga no podía ser menos y Oscar Romero escribe: “Un prodigio de fuerza dramática y de exquisita belleza plástica. Las interpretaciones están a gran nivel con unos personajes muy bien dibujados y de gran poder dramatúrgico”. Por su parte Pablo Bujalance señala que: “No sólo es el espectáculo más rotundo y el más redondo de Atalaya, sino también un feliz hito para el teatro español reciente. Teatro sabio”. También la crítica de ámbito nacional le otorga los mejores calificativos.

El preestreno se llevó a cabo en las XXVII Jornadas del Siglo de Oro de Almería donde ha tenido una gran respuesta, “sobrecogiendo a todos los asistentes”.

“Ricardo III” es el primer espectáculo creado tras recibirel pasado año el Premio Nacional de Teatro, lo cual comporta un mayor grado deresponsabilidad. Supone además un colofón a sus primeros veinticincoaños de existencia y a la vez la primera apuesta de una nueva etapa que seabrió a fines de 2008 con la inauguración del Centro Internacional de InvestigaciónTeatral, que permite al grupo unas condiciones óptimas de trabajo…

En “Ricardo III” confluyen los cuatro estilos que –dentro de un mismo lenguaje- ha ido alternando en los 18 espectáculos anteriores: el oníricodel Lorca surrealista, el grotesco de Valle-Inclán y Maikovski, la fuerza telúrica de la Tragedia Griega y el compromiso vanguardista y político de Heiner Müller. Se podría decir que si en los clásicos griegos han aportado la sangre a nuestro lenguaje, Valle y Lorca los pulmones y Heiner Müller el sistema nervioso, en Shakespeare ha encontrado Atalaya el corazón que da vida y sentido a toda su existencia anterior y futura.

Los veinte personajes son encarnados por nueve actores de tres generaciones de Atalaya, desde Carmen Gallardo -cofundadora del grupo a primeros de los ochenta, que ha regresado al equipo estable tres lustros después-, pasando por el núcleo de actores del equipo estable que se incorporaron en los años noventa y que han tomado parte en los últimos nueve espectáculos -uno de cuyos puntales, Jerónimo Arenal, da vida al “rey matapríncipes”- y los más jóvenes que se han ido incorporando en la década actual.
El espectáculo ya ha sido presenciado por más de 5.000 espectadores. Buena parte de ellos han aplaudido en pie durante minutos el “impresionante” trabajo de los 9 actores y todo el equipo técnico.

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